El desgaste de los frenos, el estado de la suspensión o la acumulación de óxido en el chasis son indicadores valiosos para determinar la antigüedad de una autocaravana de ocasión. Pero ¿y los neumáticos? El único elemento del vehículo que está en contacto con el asfalto contiene una información útil sobre el uso y el cuidado que ha recibido. Antes de proceder a la compra o venda de autocaravanas usadas, se recomienda analizar el deterioro y el aspecto que presentan los neumáticos.
En el mercado de la compraventa de vehículos, la descripción y las imágenes que acompañan a un producto pueden contar historias distintas. Los neumáticos ‘hablan’ no solo del coste añadido que conlleva su sustitución (en caso de presentar un desgaste acusado), sino del mantenimiento que han recibido. A menudo un componente puede anticipar el estado del resto del vehículo, aunque a priori solo represente una pieza más del ‘rompecabezas’.
En autocaravanas, los neumáticos se identifican con las siglas CP (camping car) y están diseñados con una carcasa reforzada para resistir cargas pesadas y periodos dilatados de reposo o inactividad. A diferencia de un turismo, el dibujo exterior no siempre revela la vida útil que queda en el neumático. Aquí es donde entra en juego el código DOT (department of transportation) que todos los neumáticos están obligados a incluir en uno de sus flancos.
Las últimas cuatro cifras de dicho código corresponden a la semana y el año de fabricación del neumático. Una antigüedad superior a los cinco años obliga a cambiarlos por el riesgo de cristalización.
Para un observador atento, la banda de rodadura de cualquier neumático (incluyendo los montados por autocaravanas) permite ‘leer’ su historial reciente. Por ejemplo, las grietas y abultamientos pueden indicar que la autocaravana ha sido cargada en exceso. Por otra parte, la decoloración o excesiva rigidez está asociada con una exposición prolongada al sol.